The Clone Wars : de vuelta a la aventura
A pesar de lo que en algún momento señaló George Lucas, creador de la saga, Star Wars volvió a la pantalla grande, está vez en una versión animada que cuenta la historia transcurrida en el intermedio del acto 2 y 3 de la historia. En pocas palabras, antes de que Anakin Skywalker fuese seducido por el lado oscuro de la fuerza.
El film, dirigido por Dave Filoni, se aleja lo suficiente de la mitología de la serie para privilegiar la acción por sobre la profunidad de la historia. Esta película se puede dividir claramente en tres actos, cada uno con un clímax en particular. Una apuesta que devuelve el espíritu aventurero de la saga, el mismo que era parte fundamental de los episodios IV, V y VI (los episodios I,II y III se entienden más bien como una historia trágica y más densa).
Desde el punto de vista técnico, lo más interesante de la película es su propuesta visual. Un cuidado trato del color y de la animación la transforma en un interesante experimento del recién creado estudio de animación de Lucasfilms. Especial atención a las secuencias en el espacio, que nada tienen que envidiar a las películas originales.
Se extraña, en todo caso, un mejor trabajo de expresión en los rostros de los personajes, a excepción de Ashoka, la nueva aprendiz de Skywalker, un personaje totalmente querible y que es uno de los motores principales de la historia.
Es importante resaltar que esta película sirve además como episodio piloto para una serie televisiva a emitirse próximamente, y desde ese punto de vista el film cumple a la perfección con su objetivo. Genera interés y plantea, de inmediato, el estilo a seguir.
Para los fanáticos, es bueno advertir que este trabajo está lejos de formar parte integral de la saga, y es totalmente prescindible ya que no altera en nada los hechos acontecidos en la última trilogía. Quizás hubiese sido más interesante haberse arriesgado a extender la historia de Luke Skywalker después de El Regreso del Jedi, pero ese es un paso que Lucas se ha negado rotundamente a dar.
“Poltergeist” se suma a la fiebre de Hollywood por los “remakes”
AGENCIA EFE – “Ya están aquí…”, rezaba el eslogan publicitario de “Poltergeist”, que también se podría aplicar a la fiebre de Hollywood por realizar nuevas versiones de clásicos, como es el caso de esa cinta que escribió y produjo Steven Spielberg en 1982.
“Poltergeist”, cuya autoría oficial pertenece a Tobe Hooper (“The Texas Chain Saw Massacre”, 1974) aunque muchos sostienen que fue Spielberg el director de facto, fue candidata al Óscar en las categorías de efectos visuales, efectos sonoros y banda sonora.
El filme relataba la mudanza de una familia estadounidense de clase media a una nueva casa habitada por espíritus, una historia que alcanzó el estatus de culto tras la muerte de dos de sus actrices más jóvenes (Dominique Dunne y Heather O’Rourke).
En la tarde de este martes se dio a conocer que Metro-Goldwyn-Mayer, los estudios que convirtieron ese filme en uno de los más exitosos dentro de su género, han contratado a dos guionistas para dar nuevos bríos al relato.
Los elegidos son Juliet Snowden y Stiles White, de cuyo expediente hasta ahora en la meca del cine destaca “Boogeyman” como peligroso antecedente, quienes se encargarán próximamente de redactar el guión para la modernización, puede que con Naomi Watts al frente, de “The Birds” (1963), de Alfred Hitchcock.
Sobre Snowden y White, que tienen en la recámara el estreno de “Knowing,” con Nicolas Cage, recae ahora la atención de miles de aficionados al género, la mayoría de los cuales no ve con buenos ojos que se toquen ciertas obras.
“¿Me he perdido algo?”, se pregunta Eric Walkuski, del portal especializado en cine de horror joblo.com. “La película (“Boogeyman”) era un completo excremento, pero aparentemente debía ser culpa del director, porque los escritores de esa estupidez no dejan de recibir trabajo. Y no simple trabajo, sino trabajo serio”.
“¿Acaso esperan superar el original?”, agrega Walkuski. “Lo dudo sinceramente, así que los dos próximos meses de sus vidas serán un perfecto ejercicio de futilidad”.
“Poltergeist” es sólo la punta del iceberg de una serie de proyectos, más o menos desarrollados, que Hollywood ya tiene en cartera y que incluye revivir a Freddy Krueger (“A Nightmare on Elm Street”) y Jason Voorhoes (“Friday the 13th”), además de atreverse con una insólita relectura de “Rosemary’s Baby,” de Roman Polanski.
Michael Bay, autor de cintas como “Armageddon” (1998) o “Pearl Harbor” (2001), es quien se encuentra, a través de su productora Platinum Dunes, tras estos propósitos.
Pero no sólo de terror viven los “remakes”.
Existe una gran expectación por comprobar el resultado final del nuevo “My Fair Lady”, con la británica Keira Knightley como flamante protagonista.
Incluso el cine europeo está en el punto de mira, como demuestran “Everybody’s Fine”, con Robert De Niro ejerciendo de Marcello Mastroianni en la interpretación que hará Kirk Jones de la cinta “Stanno tutti bene” (1990), de Giuseppe Tornatore, o “The Woman Next Door”, revisión de “La mujer de al lado”, penúltima cinta del francés François Truffaut.
En realidad, ¿cuáles son los motivos que llevan a Hollywood a esta tendencia?
Algunos, como Doug Belgrad, copresidente de Columbia Pictures, los estudios que llevarán a Eliza Doolittle de nuevo al cine, defienden la importancia de acercar la historia a las nuevas generaciones.
Para otros, es la falta de originalidad. “Hay un miedo muy grande en los estudios a correr riesgos”, dijo a Efe recientemente la directora española Isabel Coixet.
“Pero ése es precisamente el peligro: no correr riesgos. Creo que estamos consiguiendo atontar al espectador, por lo que cada vez tiene menos criterio”, señaló.
La Momia: La Tumba del Emperador Dragón
La misma película por tercera vez. Esa es la frase que engloba las sensaciones que produce La Momia: La Tumba del Emperador Dragón, la nueva entrega de una saga protagonizada por Brendan Fraser en el papel del aventurero Rick O’Connell, una re actualización del veterano y mucho más empático Indiana Jones.
Rob Cohen reemplaza a Sthepen Summers en la dirección de esta tercera parte, que entre sus cambios presenta a María Bello en el rol de Evelyn O’Connell, papel que la talentosa Rachel Weisz había interpretado en “La Momia” y “La Momia Regresa”. Lamentablemente es lo único nuevo que presenta una cinta que peca de predecible y un trámite algo lento para una película del género.
Como si fuera una copia al carbón, el guión aborda el despertar de un antiguo emperador chino (Jet Li), que permaneció transformado en una estatua de barro durante dos milenios, producto de un hechizo que le impidió alcanzar, en su momento, la inmortalidad. O’Connell y su esposa, de viaje en China, unen fuerzas con su hijo, otro explorador de viejas tumbas, para evitar que la nueva momia alcance su objetivo: despertar a su ejército y conquistar el mundo.
El resto es lo de siempre: enormes enfrentamientos de muertos vivientes, explosiones a granel y una batería ilimitada de efectos especiales que incluyen una irrisoria aparición del abominable hombre de las nieves. Todo intento de agregar algo de profundidad a la trama, que no va más allá del típico planteamiento de familia disfuncional, se pierde en un guión simplón y diálogos absurdos.
Fraser mantiene la esencia de su personaje, que poco ha evolucionado en el tiempo. María Bello cumple también como Evelyn, aunque los fanáticos de la saga seguramente se quedarán con la versión de Rachel Weisz. Jet Li, el gran antagonista de la historia, deambula sin rumbo durante todo el metraje, palideciendo ante el recordado Arnold Vooslo y su deschavetado Imothep de las primeras dos cintas.
Esta tercera entrega de La Momia se hace innecesaria, poco consistente y borra de un plumazo las bondades que gozaron los filmes originales: una divertida y fresca revisión a las películas de terror y aventuras, con personajes totalmente queribles que en esta pasada se muestran cansadores y añejos.
En suma, La Momia: La Tumba del Emperador Dragón decepciona incluso en el marco de su propio universo, al que tampoco se le puede solicitar mucho.
Los Archivos Secretos X: Quiero Creer
Quizás pocos hoy lo recuerden, pero Los Archivos Secretos X significó en Chile y el mundo un suceso televisivo sin precedentes. Y no por la temática extraterrestre que era la columna vertebral de la historia, sino que por ser, simplemente, una saga apasionante. Por lo menos en sus primeras cinco temporadas. Después la creatividad se vino a negro y Chris Carter, creador de la serie, no pudo resolver el intrincado puzzle que el mismo creó para los agentes Mulder y Scully. La película del 98, bisagra entre las temporadas cinco y seis, no cumplió las expectativas y desde mi punto de vista, fue el principio del fin.
Diez años después de dicha cinta, Carter revive a sus emblemáticos personajes en Los Archivos Secretos X: Quiero Creer, un film radicalmente distinto a su predecesor. Lamentablemente, esta nueva propuesta tampoco convence del todo y a pesar de ser una cinta que supera en argumento a la original, no cumple con las expectativas y no se acerca en lo absoluto a la calidad de los mejores episodios de la serie.
La historia, ocultada ferozmente por Chris Carter, se devela como un clon de El Silencio de los Inocentes. Fox Mulder (David Duchovny), aún oculto por los sucesos acontecidos en el capítulo final de la saga, es llamado desde su obligado retiro para resolver un caso que no tiene nada de paranormal. Una agente del FBI ha sido raptada por un asesino de oscuras intenciones. La clave para resolver el caso es un cura pedófilo con extrañas visiones y aun aún más bizarra conexión con los crímenes. Dana Scully (Gillian Anderson), como fiel escudera, siga siendo un cable a tierra para su desbocado y obsesivo compañero.
A pesar de los guiños que harán sonreír en más de una oportunidad a los fanáticos, la película no está pensada para los fanáticos, sino que para aquella audiencia que no vio la serie en detalle y poco o nada conoce de la historia de los ex agentes del FBI. Un ejercicio sano por parte de Carter, que sabe perfectamente que la cantidad de seguidores de los “X” topó techo hace varios años. El problema es que la historia no convence y carece de la intensidad con la que Carter, hoy también tras las cámaras y no sólo como guionista, transformó a la serie en un verdadero hit.
Las conversaciones filosóficas entre Scully y Mulder, otrora sustanciosas y apasionantes, ahora parecen un tanto añejas. ¿Cómo es posible después de todo lo que han pasado, sigan con la misma canción de creyente versus escéptico?. No se aprecia una evolución de los personajes, a pesar de los esfuerzos del director. Los personajes secundarios, antes cuidadosamente pensados para enriquecer la historia, hoy no llenan ninguna expectativa. Son débiles y con funciones poco claras. Todo gira en torno a Mulder y Scully, sin embargo ambos protagonistas muestran demasiados signos de desgasto.
Desde un punto de vista dramático, el eje más interesante es el que se desarrolla a través de Dana Scully, todo un cuestionamiento del valor de la vida, en que momento la ciencia debe dejar las cosas a la naturaleza. Lamentablemente, este aspecto tampoco cuaja del todo al final del metraje.
Desde un punto de vista técnico, esta secuela carece de la espectacularidad de la película original y se acerca más al espíritu de la serie. Paisajes fríos y desolados, tomas nocturnas y luces artificiales marcan la tónica, con marcados contrastes entre los primeros planos y las tomas generales. Todo muy bien logrado para una cinta que, en verdad, es de bajo presupuesto para los estándares de hoy (apenas costó 30 millones de dólares). Sí se extraña la tradicional banda sonora, ahora remasterizada y sin la magia de antaño.
En suma, Los Archivos Secretos X: Quiero Creer, es una película que decepciona por su guión poco trabajado y la frialdad con la que es presentada. Es cierto que supera a la cinta original, sin embargo una vez más no cumple con las expectativas de los seguidores de la serie. Tampoco resultará especialmente atractiva para los que no eran sus fanáticos, ya que se enfrentarán a un thriller visto ya demasiadas veces y que al final adquiere características de inverosímil.
Batman rompe récord de taquilla
Y pensar que el mal debut de Batman Inicia casi termina con la franquicia. Tres años después, la nueva película del encapotado, El Caballero Oscuro, pulverizó los records de taquilla para un fin de semana de estreno en Estados Unidos al recaudar 155.34 millones de dólares. A nivel internacional, seguramente los resultados serán similares.
El filme, dirigido por Christopher Nolan, superó lo recaudado por “Spiderman 3″ en 2007. La película sobre el héroe arácnido había obtenido 151.1 millones de dólares en sus primeros tres días de exhibición.
Batman – El Caballero de la Noche
Hace tres años se estrenó Batman Inicia. Para la gran mayoría del público, no era más que otro capítulo de una saga que el director Joel Schumacher casi sepultó con la vergonzosa Batman y Robin del año 1997. El resultado en taquilla no fue todo lo bueno que se esperaba. Sin embargo, se generó un efecto bola de nieve. El boca a boca demostró ser, aún en la época de internet, la mejor herramienta para difundir un buen producto cinematográfico. El film de Christopher Nolan, director inglés de gran desempeño en filmes como Memento e Insomnia, revitalizaba al héroe más complejo que haya surgido de las páginas de un comic. Porque el dilema moral que atormenta a Batman va más allá del complejo de culpa que acompleja a Spiderman.
Bueno, esta larguísima introducción no tiene otro objeto que contextualizar el estreno de The Dark Knight, titulada en Chile como El Caballero de la Noche, una de las películas más esperadas del presente año. El nivel alcanzado por el primer film colocaba una barrera muy alta al propio Nolan, que una vez más se pone tras las cámaras para relatar el enfrentamiento entre el ying y el yang, entre el bien y el mal, entre Batman y el Guasón. El desafío era inmenso, pero con maestría y un sentido del espectáculo único, logra superarse a sí mismo con la que puede ser considerada desde ya como la mejor película de Batman estrenada hasta la fecha.
Retomando la historia de Batman Inicia, la película comienza mostrando una Ciudad Gótica aún sumida en la corrupción y la violencia. Sin embargo, el panorama ha cambiado. La idea de Bruce Wayne (Christian Bale) de inspirar a la ciudad a través de su oscura creación ha dado resultado. La imagen del murciélago ilumina cada noche el cielo de la urbe, dando esperanza a sus habitantes. Al mismo tiempo, Harvey Dent (Aaron Eckhart) se alza como una importante figura pública, quen en rol de fiscal del distrito ha cazado casi a tantos criminales como Batman. Como un caballero de brillante armadura, no sólo ha conquistado a la prensa y los votantes, sino que también a Rachel Dawnes (Maggie Gyllenhaal), el eterno amor de Wayne.
Pero la cruzada de Wayne, apoyada como siempre por el fiel mayordomo Alfred (Michael Caine), el gerente de las empresas Wayne, Lucius Fox (Morgan Freeman) y el incorruptible comisionado James Gordon (Gary Oldman) se ve interrumpida por la llegada de un criminal diferente. Un ser que se autodenmina como un agente del caos. El Guasón (Heath Ledger), con su cara desfigurada y su comportamiento errático se transformará en el azote de Ciudad Gótica. Obsesionado con el encapotado, comienza una guerra que en el camino cobrará víctimas inesperadas y promoverá un trágico desenlace.
Desde el punto de vista del espectáculo, El Caballero de la Noche es una verdadera golosina visual. Nolan pone en práctica todas sus capacidades de narrador audiovisual para crear un relato inteligente, complejo y lleno de giros, pero no por ello menos entretenido. Es cierto, la sicología retorcida del Guasón y su contraparte estructurada en Batman son dignos de un análisis más profundo. Sin embargo, el director no se pierde en intelectualizar en demasía la historia y le otorga una gran fluidez, utilizando a discreción una batería de efectos especiales que aportan y enriquecen la trama central.
El elenco colabora enormemente en la sensación de estar frente a una película que, en su género, es casi perfecta. Bale nuevamente capta la esencia de un héroe oscuro y ambiguo y un alter ego atormentado, que se mueve al filo de la ética y la moral. El fallecido Heath Ledger, en tanto, da vida al mejor Guasón de la historia. Creíble desde la primera escena, se roba la película con una representación escalofriante, que tiene mucho menos de gracioso (como la versión de Jack Nicholson en el Batman original) y mucho más de lunático y peligroso. A través de la inflexión de la voz y un lenguaje corporal de gran intensidad, Ledger nos brinda la mejor actuación de la película y una de las más destacadas del presente año. El resto de los personajes palidece ante estos dos montruos, pilares de la historia central. Aunque todos se desempeñan correctamente, sólo Gary Oldman destaca especialmente y mantiene el protagonismo del film anterior, ya que los secundarios de Caine y Freeman pierden mucha fuerza.
Desde el punto de vista técnico, el film destaca por una bella fotografía, que sobresale gracias a que fue filmada en sistema IMAX, algo que se puede apreciar sobre todo en las escenas de acción. La música de Hans Zimmer una vez más cumple, sin llegar al nivel de la banda sonora de Danny Elfman para las películas originales de Batman, logra generar tensión y emoción en los momentos claves.
En suma, El Caballero de la Noche, más allá de ser una adaptación de una historieta que ya va por los 70 años de existencia, es una película valiosa. Es el sinónimo de un entretenimiento cinematográfico inteligente, que supera las expectativas plantedas en un comienzo y deja sentadas las bases para una tercera entrega. Imperdible.
Hancock
No cabe duda que desde hace un par de años la gran industria del cine norteamericano vive una crisis de ideas. Un ejemplo de eso es la súper abundancia de películas de súper héroes –o basadas en comics-que invaden el mercado. Sólo este año podemos mencionar a Iron Man, Hulk, Batman y Hellboy. A ellas se suma Hancock, del realizador Peter Berg. Un film interesante que se aparta de la línea tradicional del género.
Hancock (interpretado por Will Smith) es un héroe amnésico y alcohólico, que más que ayudar a las personas con sus poderes genera grandes problemas y pérdidas financieras. En hilarantes situaciones, en su carrera por “hacer el bien” destruye casas, automóviles y descarrila trenes. La gente, en vez de agradecerle, le recrimina su torpeza, críticas que éste devuelve con sendos insultos. Su vida cambia cuando conoce a un experto en relaciones públicas (Jason Bateman) que desea cambiar su imagen. Sin embargo, al poco andar dicho personaje se transforma en la conexión con un tortuoso y peligroso pasado.
El film comienza como una comedia bien realizada, refrescante en todo sentido de la palabra. Con secuencias bien logradas –como la terapia de grupo en la cárcel o el frustrado salvataje a una ballena varada en la playa- , se perfilaba como una inteligente propuesta, fuera de los cánones tradicionales. Sin embargo, y al más puro estilo Shyamalan, la cinta da un giro inesperado que la transforma, una vez más, en una más que clásica película de súper héroes, en donde la tragedia, el deber y el sacrificio pasan a transformarse en los ejes de la historia.
Este cambio le quita todo lo novedoso al film, a pesar de que el resultado final no es para nada despreciable. En su conjunto, la apuesta de Berg resulta ser llevadera y por largos pasajes muy entretenida y cautivante. Sin embargo, al final el espectador puede quedar con la sensación de que se desperdició una buena oportunidad de refrescar y estabilizar un género que deambula entre pésimas películas y grandes obras de acción.
En resumen, Hancock es un film cuyo principal objetivo es entretener, pero que sin embargo se queda en la promesa incumplida de entregar algo más al espectador.
Declaración de intenciones
El cine es arte. Pero también es entretención. Por lo tanto, aquí no sólo hablaré de la última obra maestra, sino que también del último blockbuster. Será un blog dedicado a quienes disfrutan del cine y lo han transformado en parte de su vida.







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