The Clone Wars : de vuelta a la aventura
A pesar de lo que en algún momento señaló George Lucas, creador de la saga, Star Wars volvió a la pantalla grande, está vez en una versión animada que cuenta la historia transcurrida en el intermedio del acto 2 y 3 de la historia. En pocas palabras, antes de que Anakin Skywalker fuese seducido por el lado oscuro de la fuerza.
El film, dirigido por Dave Filoni, se aleja lo suficiente de la mitología de la serie para privilegiar la acción por sobre la profunidad de la historia. Esta película se puede dividir claramente en tres actos, cada uno con un clímax en particular. Una apuesta que devuelve el espíritu aventurero de la saga, el mismo que era parte fundamental de los episodios IV, V y VI (los episodios I,II y III se entienden más bien como una historia trágica y más densa).
Desde el punto de vista técnico, lo más interesante de la película es su propuesta visual. Un cuidado trato del color y de la animación la transforma en un interesante experimento del recién creado estudio de animación de Lucasfilms. Especial atención a las secuencias en el espacio, que nada tienen que envidiar a las películas originales.
Se extraña, en todo caso, un mejor trabajo de expresión en los rostros de los personajes, a excepción de Ashoka, la nueva aprendiz de Skywalker, un personaje totalmente querible y que es uno de los motores principales de la historia.
Es importante resaltar que esta película sirve además como episodio piloto para una serie televisiva a emitirse próximamente, y desde ese punto de vista el film cumple a la perfección con su objetivo. Genera interés y plantea, de inmediato, el estilo a seguir.
Para los fanáticos, es bueno advertir que este trabajo está lejos de formar parte integral de la saga, y es totalmente prescindible ya que no altera en nada los hechos acontecidos en la última trilogía. Quizás hubiese sido más interesante haberse arriesgado a extender la historia de Luke Skywalker después de El Regreso del Jedi, pero ese es un paso que Lucas se ha negado rotundamente a dar.
“Poltergeist” se suma a la fiebre de Hollywood por los “remakes”
AGENCIA EFE – “Ya están aquí…”, rezaba el eslogan publicitario de “Poltergeist”, que también se podría aplicar a la fiebre de Hollywood por realizar nuevas versiones de clásicos, como es el caso de esa cinta que escribió y produjo Steven Spielberg en 1982.
“Poltergeist”, cuya autoría oficial pertenece a Tobe Hooper (“The Texas Chain Saw Massacre”, 1974) aunque muchos sostienen que fue Spielberg el director de facto, fue candidata al Óscar en las categorías de efectos visuales, efectos sonoros y banda sonora.
El filme relataba la mudanza de una familia estadounidense de clase media a una nueva casa habitada por espíritus, una historia que alcanzó el estatus de culto tras la muerte de dos de sus actrices más jóvenes (Dominique Dunne y Heather O’Rourke).
En la tarde de este martes se dio a conocer que Metro-Goldwyn-Mayer, los estudios que convirtieron ese filme en uno de los más exitosos dentro de su género, han contratado a dos guionistas para dar nuevos bríos al relato.
Los elegidos son Juliet Snowden y Stiles White, de cuyo expediente hasta ahora en la meca del cine destaca “Boogeyman” como peligroso antecedente, quienes se encargarán próximamente de redactar el guión para la modernización, puede que con Naomi Watts al frente, de “The Birds” (1963), de Alfred Hitchcock.
Sobre Snowden y White, que tienen en la recámara el estreno de “Knowing,” con Nicolas Cage, recae ahora la atención de miles de aficionados al género, la mayoría de los cuales no ve con buenos ojos que se toquen ciertas obras.
“¿Me he perdido algo?”, se pregunta Eric Walkuski, del portal especializado en cine de horror joblo.com. “La película (“Boogeyman”) era un completo excremento, pero aparentemente debía ser culpa del director, porque los escritores de esa estupidez no dejan de recibir trabajo. Y no simple trabajo, sino trabajo serio”.
“¿Acaso esperan superar el original?”, agrega Walkuski. “Lo dudo sinceramente, así que los dos próximos meses de sus vidas serán un perfecto ejercicio de futilidad”.
“Poltergeist” es sólo la punta del iceberg de una serie de proyectos, más o menos desarrollados, que Hollywood ya tiene en cartera y que incluye revivir a Freddy Krueger (“A Nightmare on Elm Street”) y Jason Voorhoes (“Friday the 13th”), además de atreverse con una insólita relectura de “Rosemary’s Baby,” de Roman Polanski.
Michael Bay, autor de cintas como “Armageddon” (1998) o “Pearl Harbor” (2001), es quien se encuentra, a través de su productora Platinum Dunes, tras estos propósitos.
Pero no sólo de terror viven los “remakes”.
Existe una gran expectación por comprobar el resultado final del nuevo “My Fair Lady”, con la británica Keira Knightley como flamante protagonista.
Incluso el cine europeo está en el punto de mira, como demuestran “Everybody’s Fine”, con Robert De Niro ejerciendo de Marcello Mastroianni en la interpretación que hará Kirk Jones de la cinta “Stanno tutti bene” (1990), de Giuseppe Tornatore, o “The Woman Next Door”, revisión de “La mujer de al lado”, penúltima cinta del francés François Truffaut.
En realidad, ¿cuáles son los motivos que llevan a Hollywood a esta tendencia?
Algunos, como Doug Belgrad, copresidente de Columbia Pictures, los estudios que llevarán a Eliza Doolittle de nuevo al cine, defienden la importancia de acercar la historia a las nuevas generaciones.
Para otros, es la falta de originalidad. “Hay un miedo muy grande en los estudios a correr riesgos”, dijo a Efe recientemente la directora española Isabel Coixet.
“Pero ése es precisamente el peligro: no correr riesgos. Creo que estamos consiguiendo atontar al espectador, por lo que cada vez tiene menos criterio”, señaló.
Retrospectiva: Batman en el Cine
El martes pasado la película Batman: El caballero de la Noche se transformó en una de las siete películas que ha superado los 400 millones de dólares en taquilla en Estados Unidos y Canadá. Una cifra monstruosa para los términos de la industria, que puede llegar a doblarse con la recaudación a nivel mundial (ya va por los 200 millones de dólares). Esto es la expresión más fidedigna de que la nueva cinta del hombre murciélago se ha transformado en un fenómeno.
Sin embargo, no se puede olvidar que esta apuesta cinematográfica no es más que el último episodio de la larga y a veces tortuosa relación del personaje, creado por el dibujante Bob Kane el año 1939, con la pantalla grande. Con El Caballero de la Noche ya van siete adaptaciones al cine, superando a cualquier otro icono surgido de las páginas de los comic books. Sólo se le acerca Superman, que lleva cinco versiones.
Como un ejercicio de reflexión cinematográfica, a continuación se presenta un análisis sobre cada película de Batman. Pero para comenzar, es necesario redescubrir al personaje.
1.- Batman, la leyenda.
Batman es una creación de Bob Kane, que apareció por primera vez en la edición número 27 de la revista Detective Comics de la editorial Nacional Comics, la que posteriormente tomaría el nombre de DC Comics. El personaje era una respuesta lógica al entusiasmo de Superman, que vio la luz un año antes. Pero cuando a Bob Kane se le solicitó crear un nuevo personaje, que vendiera tantos ejemplares como el hombre de acero, éste tuvo un enfoque distinto. Junto a sus colaboradores Hill Finger y Jerry Robinson, se aproximaron a otro tipo de justiciero, uno más humano y menos divino que el hijo de Kriptón.
Según Kane (fallecido el año 1988), entre sus influencias para la invención del personaje se encuentran la actuación de Douglas Fairbanks como el Zorro, el diagrama del ornitóptero de Leonardo Da Vinci y la película The Bat Whispers (1930), basada en la novela de misterio The Circular Staircase de Mary Rinehart .
El éxito fue inmediato y Batman equiparó en popularidad a Superman. Pero había algo distinto en el personaje, algo que se percibía incluso en esas inocentes viñetas de los años 40. Batman era un ser oscuro, huraño, que por momentos parecía más un criminal que un hombre en busca de la justicia. Era, en definitiva, el negativo de Superman, que representaba todo lo bueno del sueño americano. Mientras Clark Kent –verdadera identidad de Superman- volaba por sobre el resto de los hombres como si de un dios se tratara, Batman –alter ego de Bruce Wayne -se arrastraba por las cloacas de la ciudad en busca de su presa. Kent goza del cariño y soporte de sus padres adoptivos, Bruce en tanto tuvo que ver morir a sus padres, asesinados por un ladronzuelo de poca monta.
La características psicológicas que el personaje fue adquiriendo con el pasar del tiempo lo fueron mostrando como una mente atormentada, regida por un inquebrantable código moral. Siendo audaz, se puede decir que Batman es el Hamlet de los Superhéroes, aunque en estricto rigor no pertenece a dicha categoría. No sólo carece de poderes especiales, más allá de su conocimiento y habilidad, sino que además se encuentra atrapado por él mismo en una espiral de odio de la que no puede escapar. Él es su peor enemigo. Los criminales contra los que combate le odian tanto como le admiran y la mayoría sólo existen por que el hombre murciélago existe también. Sino todos, la mayoría representan facetas de la propia personalidad del héroe y son, por tanto, parte de él. No se tratan de un simple “obstáculo” que existe para mover la historia, sino que funcionan como un todo.
Bruce Wayne, por su parte, esta muerto en más de un aspecto. Dejó de existir junto a sus padres en aquel callejón y hoy es tan sólo una sombra que cree servir a la justicia cuando en realidad sólo sirve a su irrefrenable sed de venganza. En realidad, Bruce Wayne como multimillonario vividor e irresponsable es el disfraz, la máscara.
Batman y su universo es una creación que puede ser explotada al máximo si se cuenta con un buen guionista y un director talentoso. Pero lo cierto es que esta simbiosis no se ha dado siempre.
2.- Batman, el hombre murciélago (1966)
La temprana popularidad del personaje lo llevo al cine en cortos cinematográficos que se exhibían en el horario de matiné en los cuarenta. Sin embargo no fue hasta 1996 que Batman tuvo su verdadero debut en la pantalla grande, con el film Batman, dirigido por Leslie H. Martinson y estelarziado por Adam West como Bruce Wayne/Batman y Burt Ward como Dick Grayson/Robin.
Tristemente el tono del film era de comedia, con un protagonista que no hacía honor a la esencia de Batman. West interpretó a un héroe de corte estrafalario, que solía terminar bailando al ritmo de la música sicodélica de los años 60 y más cercano a la caricatura. Es la versión más odiada por los fanáticos del personaje.
La verdad es que la película sigue los códigos de la serie de televisión, con los mismos protagonistas y que estuve tres temporadas al aire y que, para mala suerte del murciélago, redefinió al personaje ante los ojos del público. La imagen de un Batman subido de peso, con un acompañante un tanto amanerado (es aquí donde surge el mito de la homosexualidad del personaje) y una galería de villanos bufonescos se instaló durante décadas en el conciente colectivo.
A pesar de todo, y olvidándose por completo del origen de Batman, lo cierto es que la película funciona bien en el tono de comedia con el que fue creada. Tampoco se puede negar los creativos y osados tiros de cámara utilizados en la filmación, lo que acrecentaban aún más este ambiente psicodélico con el que impregnó la serie.
Como dato importante, aquí se marcó la pauta sobre los villanos. En esta versión, cada uno de los antagonistas era representado por un actor de carácter, constante que se repetiría en las encarnaciones más modernas de Batman.
3.- Batman (1989)
Burton conformó un relato que, pro primera vez, explotaba realmente el potencial del universo batmaniano, pero adaptado a sus propios intereses estéticos y argumentales, lo que dio como fruto el Batman más gótico del todos.
Como todo buen artista, Tim Burton tiene ciertas claves que repite en todos sus trabajos. Una de ellas es la de la infancia perdida o rota que influye notoriamente en el comportamiento y actitudes de los personajes principales. En las historias de Burton tampoco suele existir el bien ni el mal absoluto, a pesar de utilizar estructuras muy similares a las de los cuentos de hadas clásicos.
Pero el que es, sin lugar a dudas, su tema principal es el de lo raro, lo monstruoso, aquello que los demás no comprenden y es apartado y despreciado como una “anomalía”. Este “algo” siempre está personificado en un protagonista distinto, incomprendido que en algún momento intenta (o ha intentado) encajar y más tarde asume su independencia del mundo. Es así como su Batman, interpretado de manera correcta por Michael Keaton, se torna una figura misteriosa, que apenas habla en todo el metraje del film. Es un paria, un rechazado, que busca satisfacer su propia sed de venganza. Simplemente él se considera la justicia, se ve muy por encima de la ley y la propia sociedad, al mismo tiempo que no se tiene en demasiada estima como ser humano.
Importante es el detalle de que el Guasón sea quien deja huérfano al joven Wayne en el film. Por que, en realidad, no lo hace. El flashback es visto a través de los ojos del propio Batman muchos años después y tras numerosos enfrentamientos con el villano. Este momento representa el máximo exponente de la locura del personaje. Simplemente ve al asesino de sus padres en cada delincuente al que se enfrenta.
En cuanto a lo cinematográfico, el film destaca por una espectacular puesta en escena. El mundo gótico de Tim Burton, con edificios enormes y en eterna penumbra, funciona perfectamente como una extensión de la personalidad de los protagonistas de la historia. Fuertemente influenciado por el cine expresionista alemán, el estilo de Burton recuerda claramente a filmes como el Gabinete del Doctor Caligari o Metrópolis.
El film fue todo un suceso de taquilla y mercadotecnia, lo que abrió las puertas a una secuela.
4.- Batman vuelve (1992)
Al ver la secuencia inicial de Batman vuelve —la del bebé pingüino humanoide, claro homenaje a It´s alive de Larry Cohen, (1974)—, queda claro que estamos ante algo muy siniestro.
Burton vuelve a la carga con Batman, esta vez contando con una mayor libertad creativa. El resultado, una película extrema, que más que una adaptación de la historieta al cine, es un reflejo de la imaginación delirante del director. Un cuento de hadas en que, definitivamente, lo “freak” ocupa el lugar preponderante.
Michael Keaton regresa con un Batman más parlanchín, exponente de un humor seco e irónico. Se enfrenta ahora a dos enemigos, un deformado Pingüino interpretado por Danny De Vitto y la sensual Gatúbela, en la piel de Michelle Pfeiffer en el papel más recordado de su carrera. Batman pasa a ser un verdadero secundario en una historia completamente dominada por los otros animales-humanos. Sin embargo, su papel es fundamental, ya que no sólo actúa como “el puño de Dios” que castiga a los criminales, sino que también se plantea su propia existencia en diversas ocasiones.
Argumentalmente, Batman Vuelve está muy lejos de su antecesora, superándola ampliamente en calidad. Además, aquí la trama se vuelve más osado, con interminables innuendos sexuales. Signos de un personaje que alcanzaba cierta madurez, pero que no lograba despegar del todo en este universo mágico de Tim Burton.
Desde el punto de vista estético, Tim Burton nuevamente evidencia su aproximación al expresionismo alemán y la obra de Fritz Lang. De hecho Batman Vuelve es a menudo citada como un intento moderno de capturar la esencia de dicha tendencia cinematográfica. El diseño angular de los edificios y la severa visión de las calles de Ciudad Gótica evocan el amenazante y peligroso presente en la Metropolis de Lang. Se puede hasta notar el parecido entre el personaje diabólico de Max Shreck retratado por Christopher Walken, y la estrella de Nosferatu, llamada también Max Schreck.
Segundas partes nunca fueron buenas? Puede ser, pero nada de eso sucede con Batman Vuelve, que termina superando en todo sentido al original.
A pesar del éxito, el contenido del film resultó demasiado duro para los ejecutivos de la Warner, más preocupados por vender muñequitos de los personajes que por hacer un buen producto cinematográfico. A la hora de preparar Batman III, trataron de convencer a Burton de hacer algo menos tenebroso, por lo que prefirió dar un paso al costado, dando fin de esa manera a la que era, hasta ese momento, la etapa más gloriosa del murciélago en la pantalla grande.
5.- Batman Eternamente (1995)
Joel Schumacher asume la dirección de la tercera entrega de Batman, que lleva por título un ambiguo “eternamente”. Los cambios en la saga son profundos. Sale Michael Keaton y Val Kilmer toma el lugar de Batman. Tommy Lee Jones asume como Dos Caras y Jim Carrey como El Acerijo, los villanos de turno. Una preciosa Nicole Kidman toma el lugar de Chase Meridian, el objeto de deseo del protagonista e, increíblemente, Chros O’Connel asume el papel de Robin, el chico maravilla.
Este film deja claro las abismales diferencias entre un director talentoso y dedicado, con una clara visión artística, como Tim Burton, y la de un realizador puramente comercial. Si Burton era un chef en la cocina, Schumacher era un cocinero de una tienda de comida chatarra.
Batman eternamente es un film pop, en que la diversión es el objetivo final. Los colores vuelven a rodear al hombre murciélago, que esta vez se muestra menos sombrío, aunque Val Kilmer le entrega una característica más nostálgica al personaje. Sin embargo, todo intento de darle volumen a Batman y sus secundarios no resulta. El resultado decepciona desde el comienzo. Un guión poco coherente, lleno de chistes malos y personajes de caricatura marca la tónica de la película.
La puesta en escena funciona a ratos, aunque los diseños de los artilugios del héroe (el Batimóvil, por ejemplo), aún son objeto de risa. Particularmente detestable es el trabo de Batman, que da la impresión de ser un disfraz sadomasoquista, con dos pezones claramente marcados en él. Una idea de Scumacher, que comenzó siendo diseñador de vestuario en las películas de Woody Allen.
Pero lo pero estaba aún por venir.
6.- Batman & Robin (1997)
Se puede entender, aunque no compartir, que el Batman de los años 60 fuera en tono de comedia. Pero es imperdonable que a fines de los noventa, Schumacher lo transformara en una sátira de su mismo. Con Batman y Robin dejó atrás lo poco rescatable de su anterior film y toma todo lo malo, irrisorio y anacrónico para entregar un producto totalmente desechable. Sin duda, una de las peores películas del cine norteamericano de los últimos cincuenta años.
El guión no desarrolla a ningún personaje en profundidad, contiene alguno de los diálogos más absurdos que se recuerden en película alguna y un casting aún peor elegido, que marcó la presencia del tercer actor en el mismo rol en cuatro entregas. George Clooney asumió el papel del héroe en esta saga.
Schumacher, además, se desmarca del estilo visual de Batman Eternamente, para introducir una influencia retro, más cercana a los años sesenta, más colorista y con un tono más estridente. Resultando que el vestuario parezca sacado de una mente fetichista, con apretados trajes y marcando cada detalle (incluidos pezones), dando una sensación ridícula. Este asunto fue duramente castigado por parte de muchos seguidores de la saga, puesto que esta película entró en la era de internet y gracias a unas filtraciones de imágenes durante el rodaje, comenzó a vivir la enorme influencia que estaba atesorando la conocida red de redes.
Pero además, Schumacher no estuvo especialmente inspirado, intentando aportar interés con tantos ingredientes que resultaron una amalgama de escenas absurdas. Como la elección de algunos rostros famosos para pequeñas apariciones (el rapero Coolio, la modelo Elle McPherson), además de la innecesaria aportación de Batichica, interpretada por Alicia Silverstone, ídolo (pasajero) de miles de adolescentes, cuya inclusión sólo se justifica buscando aumentar la morbosidad de una bella heroína, en un guiño para agradar a la audiencia.
En el aspecto técnico, a pesar de contar con buenos efectos especiales y sonoros, no termina de impactar. Muy al contrario, algunos sonidos acaban siendo estridentes, en conjunción con una banda sonora repetitiva a cargo de Elliot Goldenthal.
El resultado final es una de las peores adaptaciones de personajes del mundo del cómic, con mucho, la peor aparición de Batman, y una película tan prescindible como olvidable.
Pero al parecer es difícil eliminar a un buen murciélago.
7.- Batman Inicia (2005)
Todo de nuevo. Después del descalabro de Joel Schümacher no quedaba otra opción. Los estudios Warner optaron por arriesgarse, una vez más, con director relativamente nuevo en el negocio, pero con reconocido talento. Es así como le dieron carta blanca al inglés Christopher Nolan, realizador y guionista de “Memento”. Para buena estrella del hombre murciélago, su honor quedó una vez más en buenas manos.
El actor Christian Bale se pone la capucha en esta nueva entrega, transformándose en el Batman más creíble hasta ahora. Nolan se rodea, además, de un staff de actores de gran renombre, como Rughter Hahuer, Liam Neeson, Morgan Freeman, Michael Caine como el fiel mayordomo Alfred y Gary Oldman como el incorruptible Teniente James Gordon.
El planteamiento de Nolan fue, desde un comienzo, enfocar la historia de Batman desde una óptica totalmente realista. Tuvo la misión, además, de filmar por primera vez de forma completa la génesis de del héroes, suceso que increíblemente nunca había sido abordado en las versiones anteriores – a excepción de algunos flashbacks -..
La paciencia con que se va hilando el relato, y la fluidez casi natural entre escena y escena, completan el espacio y las imágenes, aumentando paulatinamente la tensión narrativa. Luego de un primer tramo dedicado a la génesis de Batman, se empieza a in-tercalar su entrenamiento y prepara-ción con imágenes de la ciudad gótica, sus problemas, sus villanos. Detener la corrupción es el objetivo que moviliza el accionar del hombre murciélago.
No faltan escenas de acción, no faltan los detalles del fabuloso equipo de objetos que usa Batman —siempre aliado de la última tecnología— ni una fabulosa ambientación de la ciudad, casi atemporal. Tampoco se extrañan los momentos dedicados a conocer los movimientos del perverso doctor que se convertirá en un gran enemigo. No faltan los momentos en que Bruce Wayne se burla de su mundo, para enfrentar su soledad y su apariencia, y se vuelve a conectar con el imperio creado por su padre. Sin embargo, todo eso es ubicado en un plano secundario, en pos de la creación de una atmósfera que va incrementando en oscuridad momento a momento, generando a veces tramos verdaderamente hipnóticos, a veces otros escalofriantes. Quizás ese sea uno de los principales méritos de Nolan, su habilidad para captar en plenitud la oscuridad de Gotham, de la mansión Wayne, de los murciélagos y de los villanos. Y principalmente de Batman (aunque tal vez se lo haga hablar demasiado). Como si todos formaran par-te, de alguna forma, de una misma cosa.
La película, que es técnicamente impecable, nunca se diluye. Pese a sus más de dos horas de duración, transcurre casi sin perder consistencia de principio a fin. Una de las razones es que la intención del guión de explorar los rincones más profundos del personaje principal, sus miedos, su furia, está más que bien lograda y construida, siempre correspondiéndose, por otra parte, con los climas que logran construirse en cada pasaje del film. Porque de alguna manera, la evolución del personaje Batman, lenta, gradual, siempre intensa, podría tomarse como el termómetro de los sucesos de la película.
La apuesta de Nolan fue por la sorpresa, para desequilibrar varios de los puntos comunes del género y, sobre todo, para hacerse cargo, con mucha responsabilidad y verosimilitud, de los matices que construyen la personalidad de Batman. El director se toma en serio su trabajo, y eso se nota, elevando así el aura místico de un personaje sin igual.
Hasta la fecha de su estreno, Batman Inicia era sin duda la mejor película basada en una historieta popular jamás filmada y presentada al público. Pero este año, sucede lo increíble: Christopher Nolan se supera a sí mismo con “El Caballero de la Noche”, un film que se ha transformado a poco andar en un clásico de la acción y el cine negro.
La historia de Batman en el cine es de dulce y agraz, pero que actualmente se encuentra en su punto más alto, lo que despierta la ansiedad por una nueva entrega.
La Momia: La Tumba del Emperador Dragón
La misma película por tercera vez. Esa es la frase que engloba las sensaciones que produce La Momia: La Tumba del Emperador Dragón, la nueva entrega de una saga protagonizada por Brendan Fraser en el papel del aventurero Rick O’Connell, una re actualización del veterano y mucho más empático Indiana Jones.
Rob Cohen reemplaza a Sthepen Summers en la dirección de esta tercera parte, que entre sus cambios presenta a María Bello en el rol de Evelyn O’Connell, papel que la talentosa Rachel Weisz había interpretado en “La Momia” y “La Momia Regresa”. Lamentablemente es lo único nuevo que presenta una cinta que peca de predecible y un trámite algo lento para una película del género.
Como si fuera una copia al carbón, el guión aborda el despertar de un antiguo emperador chino (Jet Li), que permaneció transformado en una estatua de barro durante dos milenios, producto de un hechizo que le impidió alcanzar, en su momento, la inmortalidad. O’Connell y su esposa, de viaje en China, unen fuerzas con su hijo, otro explorador de viejas tumbas, para evitar que la nueva momia alcance su objetivo: despertar a su ejército y conquistar el mundo.
El resto es lo de siempre: enormes enfrentamientos de muertos vivientes, explosiones a granel y una batería ilimitada de efectos especiales que incluyen una irrisoria aparición del abominable hombre de las nieves. Todo intento de agregar algo de profundidad a la trama, que no va más allá del típico planteamiento de familia disfuncional, se pierde en un guión simplón y diálogos absurdos.
Fraser mantiene la esencia de su personaje, que poco ha evolucionado en el tiempo. María Bello cumple también como Evelyn, aunque los fanáticos de la saga seguramente se quedarán con la versión de Rachel Weisz. Jet Li, el gran antagonista de la historia, deambula sin rumbo durante todo el metraje, palideciendo ante el recordado Arnold Vooslo y su deschavetado Imothep de las primeras dos cintas.
Esta tercera entrega de La Momia se hace innecesaria, poco consistente y borra de un plumazo las bondades que gozaron los filmes originales: una divertida y fresca revisión a las películas de terror y aventuras, con personajes totalmente queribles que en esta pasada se muestran cansadores y añejos.
En suma, La Momia: La Tumba del Emperador Dragón decepciona incluso en el marco de su propio universo, al que tampoco se le puede solicitar mucho.














